608 807 895

contacto@arraianos.com

Galeras, 13 2-8
15705 Santiago de Compostela

Formulario de Contacto

[Antecedentes históricos da Segunda República]

La Península es el escenario de un drama tremendo. Entre invasiones, conquistas y Reconquista se nos van quince siglos durante los cuales la guerra es endémica. Desde los pobladores prerromanos hasta el primer cuarto del siglo veinte —pasando por Roma, Cartago, los bárbaros del Norte, los árabes, los reyes “autóctonos”, los condes, los Reyes Católicos, los Austrias, Napoleón, los Borbones, la Primera República, otra vez los Borbones— el escenario está ocupado por gente de guerra. [...] No cesan las invasiones, las conquistas, las colonizaciones, las reconquistas... Y si alguna vez se trata de descubrimientos, con ellos sigue la guerra: de ocupación, de colonización, de independencia...

[…] Hasta 1923, desde la restauración —1875—, España turnaba el que(des)hacer de su monarquía entre conservadores y liberales. Se jugaba a guardias y ladrones y arbitraban el juego Cánovas y Sagasta, conservador el uno, liberal el otro. Algunos de los hombres que se movían en la escena política tenían ideas claras y voluntad de hacer algo. Digamos, por ejemplo, Canalejas. Pero lo asesinó un salvaje metido a anarquista. La Iglesia y el ejército, haciendo el juego del monarca, asfixiaban con cotidiana frecuencia cuanta buena intención llegó al gobierno. Entre las carlistadas, la guerra de Cuba y la campaña de Marruecos, este período que se ha llamado pacífico, ignoramos por qué, transcurrió en guerra. La juventud española muere a torrentes y España pierde en 1898, con Cuba, Puerto Rico y Filipinas, los últimos retazos del imperio. Ascensos a troche y moche, laureadas pensiones y otras canonjías fueron distribuidas en la rebatiña real a los gloriosos jefes de la carnicería. No todo serían pérdidas, pues se ganó una famosa generación, la del 98, que se sentía perder inexplicablemente. Se acabó la juerga de ultramar, ahora la procesión anda por dentro. Golpe de Estado, 1923.

Después de los siete años de la dictadura de tapadillo —un sí es, no es flamenca— del campante, locuaz y analfabeto alfabetizado general Miguel Primo de Rivera, —de la pura cepa cuartelera española—, siguieron unos meses de gobierno tapón, presidido por el general Dámaso Berenguer. En este momento del “brillante” reinado de Alfonso XIII se produce el levantamiento de la guarnición de Jaca (Huesca), 12 de diciembre de 1930.

No vamos a historiar aquella sublevación, pero es conveniente dejar constancia de que no se trataba de un cuartelazo más a la cuenta de la jerarquía militar. No hay generales en este levantamiento. Responde a un amplio plan insurreccional, asistido por la opinión pública, para liquidar la componenda con la que el Rey y demás familia pretende seguir borboneando a Hespaña.

Al grito de ¡Viva la República!, los capitanes Galán y García Hernández salen a la calle con sus tropas. Cumplen el juramento —hay quien dice que precipitadamente—, de procurar un régimen civilizado que nos pusiera al compás de los pueblos progresistas. Y, puesto que la monarquía se había especializado en arrasarnos política, económica y socialmente, ese régimen sería republicano. […] Galán y García Hernández […] avanzaron hasta donde lo hizo posible la imposibilidad de éxito, ya que a la hora de la verdad nadie los había secundado. ¿Es esta la prueba de la dichosa precipitación? Siendo piadosos con los responsables por los retrasos que desarticularon el movimiento, todo se resume en la bandera blanca de la tregua y el parlamento para condicionar lo que de cualquier forma da en rendición incondicional. […] Galán y García Hernández, un capitán y un teniente, dos patriotas que con su limpio gesto contribuían a lavarle la cara a la dignidad de sus pueblos, fueron fusilados. […] Al mismo tiempo que caían los mártires, una onda de represión llenaba las cárceles. Entre los detenidos y los desterrados figuran los hombres que cuatro meses después se harán cargo del gobierno de España.

MENÚ